domingo, 7 de agosto de 2016

Última entrada. Cape Town.



Última entrada. Cape Town.

Ahora sí que sí. Resulta curioso que la anterior a ésta fuera también la última antes de volver a España para el descanso por la boda de mi hermano. Desde que volví no hubo mucho interesante que contar excepto alguna escapada rápida y, aunque en realidad tenía pensado contar una en la que se detallase más el pueblo y el campamento, tampoco había mucho que decir. Sin embargo ahora, justo antes de volver, merece hacer mención al último viaje realizado antes de mi regreso a tierra patria: Ciudad del Cabo.

Y es que la semana pasada, cogiendo un par de días, Gonzalo (un compañero del trabajo y amigo) y yo nos fuimos a Cape Town, la capital legislativa y turística del que ha sido mi país adoptivo durante seis largos meses. Deciros que sí bien no viviría en Pofadder, en Ciudad del Cabo ni me lo pensaba.

De primeras os diré que Pofadder está relativamente cerca de Ciudad del Cabo, a unos 700 u 800 kilómetros por carretera. Puede parecer mucho pero en un país que de punta a punta llega a tener más 2000 kilómetros no está nada mal.  Además hay una ventaja muy buena: Pofadder está situado en una de las dos Nacionales que van de Johannesburgo a Ciudad del Cabo y por tanto hay autobuses nocturnos que te hacen trayectos diarios.

Así pues nos cogimos el miércoles por la noche el autobús nocturno (que hace sombra a muchos autobuses españoles) y llegamos a Ciudad del Cabo en la mañana del jueves. Allí habíamos alquilado un coche y un apartamento en el Sea Point con dos dormitorios, dos baños y una fantástica terraza con vistas al mar.

Debo recordar que aquí es invierno por lo que viajar el último fin de semana de Julio sería como viajar a una ciudad atlántica española a finales de enero. Finalmente llegamos el jueves con una fea llovizna y cielo oscuro aunque con una temperatura más que aceptable de unos 18 o 20 grados. Ese día nos fuimos a comer a un restaurante en una zona de playa (Camp’s Bay) donde te cogías pescado, marisco y sushi a tu elección y lo regabas con un buen vino blanco de la zona. Tras ese atracón, y los gintonics lógicos para bajar la comida en un sitio frente al mar, decidimos que lo mejor para ese día gris después de un largo viaje era tomárnoslo con calma y descansar. Así que aprovechamos para irnos a un spa y para darnos un masaje. También para ir al Victoria & Alfreds, un gigantesco centro comercial situado en la zona del puerto deportivo (Waterfront) que tiene mucha vida pues además hay bares, restaurantes, un mercado de degustación, una noria, músicos en la calle y esas cosas. Ahí aprovechamos para comprarnos unos vinos y quesos para cenar en la terracita y así acostarnos pronto. Hay que decir que tras tres meses en medio de un semi desierto, aun con algo de mal tiempo, se agradecía mucho ese olor a mar desde la terraza.

Nos levantamos el viernes y aun amaneciendo algo oscuro tuvimos la suerte de que a lo largo de la mañana fue abriendo y disfrutamos de un espléndido sol en nuestra ruta en coche. Habíamos planeado bajar al Cabo de Buena Esperanza y de camino paramos en unos cuantos sitios. La verdad es que la variedad y mezcla de paisajes es impresionante. Pasas de clima atlántico a tipo mediterráneo o continental en cuestión de kilómetros y te enfrentas a grandes playas de arena absolutamente blanca con escarpados acantilados y carreteras serpenteantes al borde del mar. Una pasada.

De camino al Cabo pasamos por la carretera Chapman’s Peak Drive, imaginarse unos kilómetros de carretera bordeando acantilados y el mar que incluso llega a meterse en el borde de la roca. En cualquier caso es mejor ver las fotos que luego podéis ver más abajo. De ahí seguimos hacia Simon’s Town, una ciudad-fuerte portuaria donde desayunamos al buen estilo americano y seguimos hacia la playa de los pingüinos. Y es que aquí hay pingüinos africanos de forma perenne y en este caso una colonia de más de 2000 con los que te ríes mucho (a mí personalmente me hace una gracia tremenda como andan los pingüinos).

De ahí ya fuimos al Cabo de Buena Esperanza, un Parque Nacional situado en el extremo más suroeste del continente. Huelga hablar de las increíbles vistas y paisajes. En ese bello lugar, en un acantilado viendo el mar aprovechamos, como no, para tomarnos una cervecitas antes de hacer el retorno a Ciudad del Cabo pásando de nuevo por la carretera de Chapman Peak, Hout Bay y Camps Bay.

Ya por la noche, y aprovechando que era viernes, fuimos a cenar a un restaurante llamado Mamá África situado en el centro de la ciudad. Un sitio decorado muy chulo y con música africana en directo que si bien está diseñado un poco para turistas, tiene bastante encanto y sobretodo te da la oportunidad de probar comida autóctona. De hecho allí aprovechamos para tomarnos un plato de degustación de carnes entre las que se incluían cocodrilo (sí, sabe a pollo, aunque algo más chicloso), kudu, springbook, avestruz y warthog (que viene a ser el Pumba del Rey León). Además de eso nos tomamos también un plato típico llamado Babotie, una especie de estofado con pollo, verduras y algo de curry verdaderamente sabroso.

Ya estando en el centro de la ciudad, en Long Street, aprovechamos para ir a los pubs que había por toda la calle. El estilo es absolutamente europeo con una vida nocturna increíble y pensando que si eso era invierno, con todas las terrazas y las calles llenas, no me querría imaginar cómo podría ser aquello en verano. En fin, que si lo hubiera sería un destino cojonudo para irse de Erasmus.

Al final nos liamos algo más de la cuenta pero tranquilos que habíamos ido en taxi y fuimos cautelosos dejando el coche en el apartamento. Los taxis ahí son muy baratos (al igual que los parkings de la ciudad)pero algunos algo ilegales y poco cuidados (hasta el punto que el último taxi que cogimos tuvieron que empujar para arrancarlo…).

El sábado nos amaneció absolutamente soleado y caluroso así que aprovechamos para ir a la Table Mountain, sitio sagrado al que hay que ir cuando estás en Ciudad del Cabo. Tuvimos la mala suerte de que el teleférico que sube estaba en mantenimiento por lo que lo intentamos subir a pie. Vale que no sea deportista y más bien todo lo contrario, pero no creáis a nadie que os diga que ha subido a pie y que ha tardado poco o no le ha costado porque son unas 3 horas de subida bastante pronunciada hasta los 1000 metros de altura que tiene la montaña.

Resumiendo, al rato nos rendimos y decidimos volver a bajar pasando por algún otro punto que ver para echar unas fotos. Después de comer algo decidimos separarnos y Gonzalo se quedó en la playa mientras que yo me fui al botánico. Deciros que el botánico Kirstenbosch de Ciudad del Cabo se considera de los mejores del mundo y no es para menos. Se trata de un parque natural de más de 500 hectáreas al borde de la montaña y creado hace ya más de un siglo. Tras mi visita al parque, y pasando por unas carreteras muy chulas, me reuní de nuevo con Gonzalo en la playa y decidimos ver la puesta de sol en un bar que había ahí con música chill out y un gin tonic, vamos, el plan que a mí más me gusta, para que engañarnos.

Por lo visto el sitio era de un francés que servía vinos y quesos locales así que por circunstancias de la vida acabamos de vinos, quesos, tataki y toda suerte de pequeñas tapas en un par de sofás en el paseo al borde de Camps Bay. Luego unas copas a un par de sitios más y para casa.

Y ya último día. El domingo se levantó de nuevo nublado con ese gris plomizo que nos recibió a la llegada el jueves. Dejamos la casa, dejamos todo en el coche y aprovechamos para visitar la ciudad. Era domingo así que todo estaba muy tranquilo y había poca gente por la calle. Nos recorrimos algún que otro mercadillo de artesanía y el centro que también está plagado de contrastes entre edificios coloniales, parques, enormes moles de hormigón o modernos rascacielos de cristal en una misma manzana.

Y aquí se acababa nuestro viaje, aprovechamos para comer sushi antes de subir al autobús el domingo por la tarde que nos dejaría en Pofadder de nuevo sobre las 4 y pico de la mañana, lo suficiente para deshacer la maleta, ducharte, desayunar con calma e ir a trabajar el lunes, mi penúltimo lunes.

Porque deciros que este que viene, el 8 de agosto, es mi último lunes en Pofadder. El día 10 de agosto (apurando hasta mi último día de visado y justo 6 meses después de entrar en el país) cojo el vuelo para España. Un vuelo que como ya sabéis dura bastante pero que merece la pena, pues el jueves 11 a las 20:00 vuelvo a pisar suelo español. Por ahora no hay visos de vuelta, al menos no a Sudáfrica y no por ahora, así que parece que tenemos tiempo para vernos en España.


Atardecer desde el bar francés con niños bailando música africana
Vista desde Signal Hill al puerto y estadio

En Camps Bay, el primer día que hizo malo.

El Parlamento

A lo Titanic en el Cabo de Buena Esperanza

En la Chapmans Peak Drive rumbo Buena Esperanza

Un parque que hay en el centro de la ciudad, donde el Parlamento

La punta más suroeste del continente!

La Torre del Reloj del puerto

En el Mamá Africa

De copas por Long Street

La noria que hay en el puerto, en Waterfront

Desde Chapmans Peak Drive

La carretera de Chapmans Peak metiéndose en la roca

El salón del apartamento

El inmenso centro comercial en el Waterfront

La playa de los pingüinos en Simon's Town

Van a por toda comida!

Cabo Buena Esperanza

Lo mismo pero con una mancha en la foto :P

Playas de arena fina y blanca

Hout Bay desde Chapmans Peak (sí, era la mejor ruta)

Chapmans Peak Drive

El mordisquito en la montaña

Las marismas

Hout Bay aun más panorámico

La carretera que habeis visto ya suficiente...

Los viajeros ante Hout Bay

Paisajes muy cambiantes

La Table Mountain desde el Waterfront (puerto)

Waterfront

Atardecer desde la terraza del apartamento.

La música en directo en el Mamá Africa

Desde lo que conseguimos subir a la Table Mountain

El apartamento

La noche Capetoniana

Esto ya sobre las 2 y pico de la mañana desde una terraza


La Table Mountain desde Signal Hill. Destacar que sólo subimos hasta donde empieza la roca...imaginaos lo que quedaba.
 
La carta del Mamá Africa donde podreis ver que por ahí pone cocodrilo y demás.

Carretera yendo al botánico

En el jardín botánico

Dentro del botánico, se llamaba el bosque mágico esta zona.

Un puente de madera que serpentea entre los árboles


El parque con representaciones de dinosaurios, es inmenso

Esculturas y una cafetería dentro del botánico al pie de la parte de atrás de la Table Mountain.
Desde la playa de Camps Bay. Al fondo la montaña que llaman los 12 Apóstoles

El Ayuntamiento

Por el centro de la ciudad, rollo muy europeo

Long Street, en los bares que habíamos estado dos noches atrás.

Long Street con el Mamá Africa

La diversidad también en la ciudad con edificios clásicos, coloniales y moles de hormigón.