domingo, 20 de marzo de 2016

Monotonía entre lenguas.



La verdad es que el título puede sonar peor de lo que es. Monotonía porque no he salido de Pofadder ya que no he hecho ningún viaje, sin embargo tranquilo y a gusto, valorando los momentos y las pequeñas cosas. Y lenguas porque como veréis, hoy va un poco sobre los diferentes idiomas con los que tengo que tratar aquí.

Hace un par de semanas que no escribo, si no recuerdo mal lo dejé en que parecía que iba a llover esa noche. Informaros de que no llovió, se quedó a las puertas de éste, mi querido pueblo adoptivo. Pofadder es un pueblo que se considera está en una reserva nacional en la que se debe preservar la roja arena que alcanza el infinito. Porque amigos míos, no creo que haya mucho más que proteger por aquí, máxime si no cae ni una dichosa gota de agua.

La altitud de Pofadder es de 950 metros sobre el mar. Es decir, que más o menos estoy situado en una súper meseta de un tamaño descomunal que deja a la española a la altura del betún. Las montañas que tapan el mar, y su lejanía, hacen que el clima sea eso, semidesértico. Por el día hace calor y por la noche refresca una vez se ha ido el sol. Y claro, no llueve y hay poco verde, quizá esa es de las cosas que uno agradecería de estar en España (o al menos en Upington que está bañada por un río y si hay más tormentas esporádicas).

Pero bueno, quiero hablaros de estas dos semanas. En el trabajo todo bien, aunque para ser sinceros a veces sobran las 10 horas de trabajo. Creo que mi trabajo se puede hacer tranquilamente en una jornada laboral normal porque, si bien es cierto que hay días de agobio en los que no paras, tienes otros en los que puedes tranquilamente recuperar ese tiempo (véase los fantásticos sábados laborables).  Pero claro aquí tienes que hacer, como es lógico, la misma jornada que el resto tengas más o menos trabajo. Por lo tanto  lo que hay que hacer es aprovechar ese tiempo.

Igual que el tiempo de ida y vuelta. Para que os hagáis una idea, la planta solar está a 70 kilómetros de donde vivimos, y eso, unido al tiempo de salida y entrada de los arcos de seguridad, hacen que pierdas sobre una hora y media al día. Pero… ¡ahí de nuevo se ofrece el regalo del tiempo! Ese tiempo lo aprovecho para escuchar podcast en inglés. He encontrado unos que están muy bien y suele tener una longitud adecuada para el viaje. Así aprovecho y voy haciéndome el oído y aprendiendo algo de inglés.

Y es que aquí me toca hablar en inglés por teléfono con proveedores, cliente y contables. Y se trata de una tarea especialmente jodida. Al hablar con un extranjero a quien estás viendo puedes observar todo el lenguaje no verbal que lo rodea, desde los gestos de la cara al movimiento del cuerpo. Al hablar por teléfono no queda muy claro si te están o no entendiendo ni formas de expresarse cómodas y ágiles. Así que toca aprender, lo cual no está nada mal. ¡Por fin tengo la excusa para mejorar mi inglés! Eso sí, aquí hablan un inglés algo regulero, porque aunque sea uno de sus idiomas oficiales, usan mucho más el afrikans, una especie de holandés con mezcla de alemán descendiente de los primeros colonizadores que llegaron aquí.

Respecto al trabajo en sí la verdad es que me lo paso bien. Ha venido un nuevo compañero de oficina que además está en nuestro campamento. Es el segundo del jefe de obra y tras contarle que estaba escribiendo un blog me ha pedido que le considere al él como “El Cromañón”.

Para ser justo y sincero he de decir que está un poco justificado ese apodo. Debéis saber que soy el único capitalino que hay por aquí, el resto son asturianos o andaluces. Empezaremos por éstos últimos. Creo que el destino, azaroso y caprichoso, ha querido que a lo largo de mi vida termine rodeado de andaluces, aparte claro está de que son ciento y la madre y por tanto la lógica impera. En este caso tenemos dos en mi campamento, el primero de Huelva, un padre de 40 años que mide más de 2 metros y que es un crack. Y el otro es mi tocayo, un sevillano de esos de los que no se le entienden absolutamente nada al hablar pero que hay que reconocer tiene bastante gracia!

El resto son asturianos. Pero alguno de ellos, como mi querido Cromañón, que son de pueblos lo suficientemente pequeños como para que hablando se les entienda menos que a un andaluz. Y voy a seros francos, estoy temiendo porque se me peque el acento y ciertas expresiones, ¡que soy muy propenso a ello!

Y es que aquí hay ciertas cosas como el verbo “prestar”. Vosotros diréis, ¿qué tiene eso de especial? Pues que no es el prestar de dejar algo a alguien sino prestar en el sinónimo de gustar o apetecer en un sentido algo amplio. “Presta mucho tomarse una cerveza fresquita cuando llegas del trabajo” o “Presta un viajecito de vez en cuando” podrían ser un par de ejemplos para que veáis a lo que me refiero. ¡Pero no os creáis que la historia termina ahí!

Más de uno suele hablar a veces en asturiano y por lo tanto con la “e” y cambiando la j por la y. Así puedes escuchar “muyer” en lugar de mujer, “trabayo” en lugar de trabajo o “¡que buenas les croquetes!”. Y por supuesto palabras como fame en lugar de hambre. Pero lo que más me sorprende es escuchar lo de los pronombres en orden inverso. ¿Cómo se os quedaría la cara intentando traducir todo eso unido a…(acento asturiano) “voy se los a dar luego” o “tranquilo, bebo me lo en un momento”? Pues más o menos como me ocurre a mí. Que me he dado cuenta (como me pasó en el Erasmus) que tengo que lidiar con varios idiomas aparte del inglés!

Y volviendo a lo que es la vida y la rutina. El sábado pasado volvió la barbacoa a irse ligeramente de las manos y volví a acostarme algo tarde tras unos buenos copazos de whisky. Lo bueno es que esta vez no bebí tanto vino, por lo que en ese aspecto, mejoró sensiblemente mi cuerpo. Así que como nos levantamos a horas muy tempranas también los domingos (y comes y cenas pronto) a eso de las 11 de la mañana tocó irse de cerveceo. Nos fuimos a un par de bares y aquí entró en juego el peligroso Rubenin. ¿Por qué peligroso? Porque por lo visto puede beberse tranquilamente más de 15 tercios, estar el resto de la gente que se cae, y él parece que no se ha bebido ni una, y no es broma, es increíble.

Entonces claro, llega él y al final le tienes que seguir el ritmo porque va pidiendo rondas para todos, te guste o no. Lo bueno es que al menos te compras unas patatas para hacer las veces de aperitivo o incluso ya se están haciendo a pedirles que pongan aceitunas (y tacos de queso) para que al menos no nos muramos de hambre. Total, que al final acabas el domingo a las 15 después de muchas cervezas y sin apenas comer. Pues claro, a la cama directamente que vas y…¡error! Una siesta de 2 horas en la que te levantas tarde un domingo que te tienes que acostar pronto para levantarte el lunes a las 5 de la mañana es absolutamente desaconsejable!

Ahora, ya desvelada la verdadera razón de que no escribiera nada la semana pasada, podéis entender mejor por qué me he puesto a escribir en sábado. Sí, este finde parece que va a ser más tranquilo (tenemos menos reservas de vino y estamos menos) pero amigos míos, no tengo ni idea de si mañana me apetecerá o no escribir. Además  de que mañana por la tarde voy a dar una clase magistral de cómo hacer tortilla de patata de verdad.

Vamos a ver, vale que yo hago la patata muchas veces en el microondas (sale muy buena, se ahorra aceite y tiene menos grasa) pero es que aquí han cogido la receta y le han dado la vuelta  de tal manera que llegan a hacer la tortilla en el horno, apenas pochan la cebolla, la patata la cortan híper gorda y no lo mezclan con el huevo antes de echarlo a la sartén, amén de que no la vuelven a poner a la sartén una vez le dan la vuelta sino que va directa al plato y al horno. No sé, muy muy raro. El caso es que le pregunté la semana pasada a Sariette que si me dejaba cocinar una tortilla y me dijo que perfecto pero que les enseñara a las cocineras a hacerla y que tuviera paciencia.

Por lo que, sumado a las croqueta de setas y a las de pollo asado que hice el finde pasado, me siento como en casa cocinando! Ahora sólo falta estar en una ciudad decente a la que lleguen ingredientes, pero vaya, ¡qué tiempo al tiempo! Ya estamos planeando hacer un finde paella y en cuanto llegue el frio empezar a hacer legumbres (que aquí se destilan muy poco) y asados. Por lo visto tienen corderos muy buenos y con un horno de más de un metro de largo podemos cocinar una cebra entera si hace falta.

PD: Ahora finalizo esta entrada el domingo por la tarde. ¿Creo que os he contado el tema de Rubenin y la cerveza no? Vale. Ayer sábado se nos ocurrió irnos a tomar dos cervezas (contadas de antemano para no liarse) y marchamos para el bar a las 14:00. Quiero deciros, queridos amigos, que llegué al campamento para la hora de la bbq (20:00) con aproximadamente 15 tercios encima. Y no, no es una broma, Rubenín estaba como si no pasara nada y el resto mejor no expresarlo. Por cierto, aquí a la palabra resaca la llaman “babalás” que es en afrikans. Bueno, pues sé de más de uno que hoy ha tenido una muy buena babalás!

PD2: Quiero aprovechar para dar un beso enorme a mi familia puertoriqueña que ha estado por Madrid este fin de semana. Por lo visto esos tienen más aguante que nadie y ayer mi querida tía abuela, de 86 años, la crack terminó a las 7 de la mañana la fiesta después de todo un día bebiendo vinos y cervezas. Total, ¡que está claro que viene de familia! Su secreto, según nos ha dicho, es una cerveza y una onza de chocolate negro al día. Pero imagino que vivir en el Caribe tampoco debe venir nada mal así que he pedido que me miren si por allí hay trabajo, que puestos a irme lejos prefiero el Caribe y hacer unas memorias por ahí!

Bueno familia, de esta semana sólo os puedo dejar un par de fotos en el bar de las cervezas aunque no de ayer porque no hice, pero para la próxima llegará una de Rubenin con sus tercios! 

Feliz semana a todos. 

Nota: He decidido hacer una aclaración sobre esta entrada. Más de una cosa sobre expresiones están o pueden estar exageradas porque no las digo habitualmente y por tanto lo más probable es que me equivoque y que sean incorrectas. Sin embargo a mi me suenan más o menos así y me resultan curiosas, me gustan, les doy valor y por ello las escribo. La expresión "de pueblos lo suficientemente pequeños" no es despectiva y quien lo quisiera ver así hierra en su propósito. 

Hablo de acentos y lenguas, no de personas en ningún caso (si digo lo de Cromañón fue por expresa petición suya). Tengo, como es sabido por más de uno que ha leido esto, muchos amigos de pueblos muy muy pequeños especialmente de Andalucia a los cuales me ha costado la vida entenderles y que no sólo me han enseñado muchísimo sino que además son de las personas a las que más quiero en esta vida.

Todo intento de hacer una relación entre decir "de pueblos pequeños" y considerar pueblo como algo despectivo por mi parte, y más aun por el hecho de ser de Madid, es un error muy grande ya que en España existen más de 8.000 pueblos y sería estúpido catalogar a alguien por el mero hecho de serlo. De hecho me da exactamente igual que alguien venga de uno u otro país, una ciudad grande o pequeña, el pueblo más grande o el más recóndito mientras tenga educación y respeto. En cualquiera de los casos, si alguien por algún comentario vertido en esta u otras entradas se ha sentido ofendido, mis más sinceras disculpas pues nunca ha sido mi intención.

Del domingo de la semana pasada. La cerveza Black Label, el origen de esas babalás.

Ana, Rober, Miguel (el cromañón) y mi tocayo. De aperitivo el domingo pasado.

Un día fesquito que marcaba el termómetro del coche en la obra.

Tormenta que se ve desde el campamento. Por desgracia pasó de largo.

domingo, 6 de marzo de 2016

Tiempo de viajes




Como ya os dije, el domingo pasado me iba a ser imposible escribir dado que estaba en Namibia, en el Cañon del rio FIsh. Pero hoy os pongo un poco al día con este viaje y algún otro que ha habido esta semana.

En lo que concierne a la semana ordinaria (de lunes a viernes la anterior y de lunes a sábado esta) no hay mucho que contar, me he tenido que cambiar de cuarto de forma temporal porque el aire acondicionado ha muerto en la mía y hasta que lo arreglen me he mudado. Os aseguro que a 40 grados, como es lógico, es imposible vivir sin aire. 

En cuanto a la obra ésta sigue su curso y sigue viniendo gente de España. Si bien el temor de la definitiva entrada en concurso de acreedores de Abengoa hace temer a muchos. Algunas empresas muy dependientes de ésta parece que están haciendo las maletas ante el cada día más cercano infeliz desenlace. Veremos qué pasa con la mía, aunque en teoría los trabajos se deben acabar ya que la planta está subvencionada por el gobierno sudafricano. Nuestra parte en teoría debería estar terminada a finales de julio si bien es posible que se empiece en otra allá por septiembre en Upington. Pero eso ya lo dejamos para cuando haya confirmación.

En realidad lo bueno de estas dos semanas ha sido el viaje a Namibia a ver el cañón del rio Fish, el que dicen es el cañón más grande del continente y el segundo del mundo después del Colorado. Tras algunas dificultades alquilamos un Land Cruiser. Digo dificultades porque no es tan fácil alquilar un 4x4 en un pueblo y que además tenga autorización para entrar en el país vecino, así que hubo que irse hasta Upington, la ciudad.

El sábado los cuatro compañeros que íbamos madrugamos bastante para aprovechar al máximo el tiempo que teníamos, aunque en realidad lo que hicimos fue levantarnos más o menos como un día normal a eso de las 5 y pico de la mañana. Llegamos justo para la apertura de la frontera donde tras bastante papeleo nos abrieron la valla. Mola porque toda esa parte es frontera natural gracias al rio Orange. Así que pasas una frontera, un puente bastante largo que no es de nadie (puente que por cierto estaba plagado de monos) y llegas a la frontera de Namibia donde te espera un papeleo aun más grande.

Una vez pasada la burocracia marchamos hacia el hotel. Se agradecía el 4x4 porque todo el camino, desde la salida de Pofadder hasta el hotel (unos 300 kilómetros) fueron carreteras de tierra, eso sí, de la anchura de una autovía y bien aplanaditas donde el coche tiraba mejor incluso que en asfalto. 

Nos habíamos cogido un par de cabañas en un lodge ajardinado y con piscina. Al lado de la piscina había una barra con una nevera enorme de la cual podías coger una cerveza y tú mismo la apuntabas en un cuaderno para que cuando te marcharas te la cobraran. No quiero saber cómo funcionaría ese sistema en España… Pero nosotros, como gente respetuosa que somos, lo primero que hicimos nada más llegar fue darnos un buen chapuzón, comer algo y coger unas cuantas cervezas (previo apunte en el cuaderno) antes de tirar para el cañón a ver el atardecer.

El cañón sorprende por su inmensidad y su profundidad. Y es eso último lo que no se aprecia en las fotografías. Éste parece no tener fin pues serpentea durante 160 kilómetros perdiéndose en el horizonte. El paisaje, parque nacional, es extremadamente árido y hostil, como si de una película sobre el Planeta Rojo se tratara. Y lo único que ves, después de una caída de 500 metros en algunos puntos, es un pequeño hilo de agua del que otrora fuera un río capaz de crear dicha monstruosidad.  

En ese paraje, no sin antes encontrarnos a gente muy simpática (que llegó a ser algo pesada), hicimos algo así como 500 fotos en los miradores que vimos durante un par de horas hasta el que era considerado el mejor para ver atardecer. Y fue ahí donde nos quedamos aguardando la puesta de sol.

Una vez pasado el trámite volvimos al lodge donde tocaba cenar en la terraza (habría como 25 grados) un buffet libre acompañado de un servicio excelente. Hay que decir que la educación en Namibia es asombrosa (o al menos la gente que nos encontramos) e hicieron que nos sintiéramos muy a gusto. Para la cena pedimos un par de botellas de vino y nos trajeron el entrante del día: kudú ahumado, una especie de antílope aderezado con una rica salsa y que estaba bastante bueno. 

Comido el entrante atacamos el buffet. Hay que decir que diferenciaba mucho de lo que sueles ver en España, no es que hubiera mucha variedad donde elegir, 4 o 5 platos, pero muy bien elaborados, presentados y manteniéndose  bien calientes gracias a pequeños fuegos. Yo aproveché para tomar primero algo de pescado (que aquí escasea, esto no es España) y luego probé el springbook, otra especie de antílope algo más suave que habían preparado muy sabroso. Así que ya me quedé a gusto probando un par de animales nuevos que no conocía. Tras eso nos pusieron el postre y unos gintonics y nos fuimos al jardín de la piscina de charla antes de irnos a la cama.

Al día siguiente volvimos a visitar el cañón para verlo con otra luz puesto que el día anterior en la mayoría de casos teníamos el sol demasiado de frente. Nos hicimos otras 500 fotos y ya de ahí fuimos directamente a comer a otro hotel antes de volver a Sudáfrica. Se trataba de un hotel temático donde tenían coches americanos clásicos por el jardín y dentro de un comedor inmenso decorado hasta el más mínimo detalle con cosas relacionadas con vehículos, desde motores a matrículas o bidones de aceite de motor. He de añadir que incluso los servicios no tenían desperdicio.

Y al final vuelta de nuevo para casa. Esta vez por un camino más largo dado que la frontera que nos pillaba más cerca cerraba demasiado pronto y no nos daba tiempo. Así que tuvimos que hacer un rodeo de casi 200 kilómetros más que al fin y al cabo, con música y charla, pasándose una cebra o algún otro animal que había probado la noche anterior, o haciendo las paradas de rigor para echar gasolina a la barcaza que llevábamos por coche, se te pasa volando.

El resto de la semana currando como no podía ser de otra manera. Sufriendo con los dichosos mosquitos extremadamente inteligentes. Son minúsculos pero con un hambre descomunal. Se mantienen escondidos hasta que estás dormido y como si de un reloj se trataran a las 00:30 comienzan a picarte y a pasearse por tu oído hasta despertarte. Y no es coña lo de la hora, hace dos semanas luche desde las 00:30 hasta las 2:30 contra ellos hasta matar a tres  pero claro, a costa de mi sueño. Ahora tengo un sistema nuevo: opto por poner el aire acondicionado a tope y taparme hasta el cuello. Añadiendo unos tapones eso sí, que no hay cosa peor que escuchar a un mosquito.

El viernes tocó otro viaje, aunque ese no fuera por placer. Tuvimos que ir a Kimberley a renovar el pasaporte para otros 3 meses (tardan más o menos un mes así que hay que ser precavido y hacerlo con tiempo). Kimberley es la ciudad de los diamantes pero para ser francos, no tuvimos tiempo ni de ver un mísera joyería. 10 horas ida y vuelta en el día más el tiempo burocrático, de comer y de hacer alguna compra. Ah, comí sushi por supuesto. Aquí lo hacen verdaderamente bueno.

El camino se hizo ameno, música durante todo el viaje e íbamos varios así que entretenido. El paisaje cambió radicalmente pues cerca de esta ciudad, la capital de la provincia en la que vivo (Northern Cape) el paisaje era absolutamente verde. Y por fin vi las primeras lluvias desde que llegué a este país. Porque si bien ha amenazado alguna vez en estos días, hasta el punto incluso de dejar de trabajar porque dan avisos por las tormentas eléctricas que son fuertes y peligrosas, no había caído ni una mísera gota. Así que al menos vi verde y agua, algo que viviendo aquí no está de más.

Y ayer sábado pues que queréis que os diga, que he estado a punto de titular el capitulo “the hangover” por la resaca con la que me he levantado esta mañana. Ayer la barbacoa se lió un poco, me lo pasé como un enano y al final terminamos a las 2:30 de la mañana (ayudaba la temperatura que esta noche no ha bajado de los 25 grados). Puede que esa hora no parezca muy tarde pero hay que tener en cuenta que aquí te levantas a las 5:00, sueles cenar a las 19:30 y el domingo raro es que te levantes más tarde de las 8. Recordad que lo de las persianas se destila en muy pocos sitios del mundo.

Y hoy hemos decidido hacer otro aperitivo a la española. Esta vez al jamón, lomo, chorizo y queso, le hemos añadido un rico gazpacho y una ensaladilla rusa (sí, ya sabéis que me va demasiado lo de cocinar). Eso sí, también han hecho codillo con puré de patata (de verdad ¡eh!, nada de Maggy) y ensalada de col que creo va directamente para la cena dentro de un rato. Y bueno, considerando que estoy fuera escribiendo y que las nubes que se acercan cada vez son más negras, me voy a retirar hasta la semana que viene (o quizá alguna más, ya veremos). 

¡Un beso a todos!

PD: esta vez hay más fotos porque como os he dicho hicimos unas 500 cada día de Namibia, eso sí, he hecho una selección. jejeje. También hay algún amanecer chulo y la foto de un pequeño escorpión, con muy mala pinta, que había en el campamento... Se suben como les da la gana asi que tampoco hay mucho orden...

Cañón del Rio Fish

Atardecer en el cañón

Baño del hotel donde comimos, el de los coches.

Paradita de camino a tomar una cerveza. Vale, son las 9 de la mañana pero nos habíamos levantado a las 5...

¡Tenía escaleritas para subir, asi que había que aprovecharlas!

Interior de la cabaña

Interior de la cabaña

Interior de la cabaña

Cañón

Cañón

Cabaña del Canyon Lodge

El lodge, ¡un paraiso en medio de la nada!

Cañón

Parque natural cañón

Vehículos del hotel donde comimos

Interior del hotel donde comimos

Interior del hotel donde comimos

Interior del hotel donde comimos

Salida de Namibia

Entrada de Namibia

Amanecer camino a Kimberley

BBQ sábado noche

Pequeño escorpión en el campamento

El puente del rio Orange en "tierra de nadie". Ahí al fondo estaban los monos, se escondieron rápido.

Rio Orange.

"Carreteras" de Namibia

Bar piscina Lodge

Piscina del Lodge

Piscina

Cañón

Cañón

Cena en el lodge

Vistas con el lodge al fondo

Piscina

Cañón

Hotel donde comimos

"Gasolinera" del hotel